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+ TIGRE
Proyecto Lucila Raastellini - Daniel Wepfer -
Paola Salaberri
Fotos Gustavo Sosa Pinilla.


El nombre que acusamos para la obra durante su proceso, in-continente, principalmente deviene de su emplazamiento y de las características no solamente visibles, si no también invisibles, que desde su interior, intervienen en la definición del paisaje. Y en este sentido vale aclarar que con paisaje nos referimos a las relaciones que se establecen entre las distintas marcas que permiten pensar-crear esta noción de paisaje extramuros. En este paisaje, la logística entendida como actividad previa que permite prefigurar procesos, más que imponer sus normas, requiere de una interpretación muy sutil de las marcas que devienen en espacios cualificados y del proceso constructivo como la incorporación de nuevas marcas dentro de este sistema de relaciones. La aparición de un nuevo muelle, la inclusión dentro de un código de ordenamiento territorial, una dirección y el reconocimiento de tal existencia por parte de los viajantes casuales y no casuales durante su recorrido, hacen de la obra un punto de referencia, una nueva marca, la creación de un nuevo territorio que modifica al conocido y requiere ser reconocido.

De este reconocimiento parte la decisión de ocupar una franja del terreno cercana al borde costero y que esta sea paralela al mismo. Esto significo definir un volumen que cumple las veces de escena como así también punto de observación. La elevación por sobre el nivel del terreno y la separación material que existe entre los distintos elementos de la obra permiten reconocer a cada uno de ellos en su condición múltiple.

Al establecer distintas categorías en la definición del programa, surgió la noción de unidades programáticas diferenciadas. Volúmenes habitables que reconocen su independencia formal y definen su programa en relación al estar.

El volumen de los dormis se manifiesta en su condición de refugio, de lugar que aísla, y que encuentra su relación con el afuera a través de elementos que enmarcan fragmentos, imágenes que reconocen solo la parte. En este sentido el programa participa reforzando la idea de parte, de fragmento. Por otro lado el espacio común sugiere la multiplicidad y sucesión de elementos sin con ello perder la idea de límite, de demarcación. En este lugar el espacio volumétrico se descompone en planos horizontales y verticales, que con el recurso de la perspectiva se suceden, superponen y reconocen una totalidad. En este espacio el plano vidriado funciona como un tamiz, un filtro que a través de su materialidad reconoce la condición múltiple del espacio que limita. En este sentido y según las horas y claridad del día, el vidrio altera su propiedad de ser traslucido, proyectando sobre su superficie lo que rodea desde el exterior. Los distintos actores, humanos y no-humanos encuentran su imagen refleja y se les presenta incierta la escena interior. Esta situación se invierte al transcurrir las horas de claridad, y lo que anteriormente resultaba aprehensible desde el interior, queda oculto bajo un velo que solo denota formas no reconocibles. Es durante estas horas que el interior presenta la escena con toda claridad, donde la imagen refleja deja paso a la dispersión de actividades que en su interior se representan. Esta condición escenográfica quizás resulte potenciada por el plano inmediatamente posterior que hace las veces de fondo sobre el cual las figuras contrastan y son reconocidas como tales. El valor icónico, arquetípico de los distintos elementos entendidos como unidades materiales reconocibles, no limita su pertinencia a la totalidad en términos estrictamente funcionales, si no que propicia una dispersión de actividades, solamente aprehensibles en el estar mismo.

La escalera puede ser tanto un elemento que vincule distintos espacios, como un espacio donde permanecer. El marco inferior que demarca al espacio común y delimita su escena, también puede ser un elemento en el cual dejar descansar las piernas sobre el vacio que se abre. El fondo de la escena puede ser tal, como también cobrar volumen y dar respuesta a actividades cotidianas. La plataforma muelle puede ser tanto el elemento que con más claridad represente la condición extramuros de la obra y lo vincule con el afuera, como así también cumpla las veces de expansión que ocupe el vacio.

“pero ni siquiera desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, idéntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás… y hasta en el acto más sencillo que llamamos “ver a una persona conocida”, es, en parte, un acto intelectual.” Marcel Proust.